Un merecido homenaje para Juana María Montelongo, guardiana de las tradiciones en el municipio de La Oliva

A propuesta del Ayuntamiento de La Oliva, esta mujer alfarera y artesana, Premio Insular de Artesanía en 1993, fue la representante del municipio en los ‘Premios Isla de Fuerteventura: Mujeres que cuentan’

La Oliva, a 8 de marzo de 2019. El Ayuntamiento de La Oliva traslada la felicitación de esta institución a Juana María Montelongo, que ayer fue reconocida como representante de este municipio en los ‘Premios Isla de Fuerteventura: Mujeres que cuentan’, un homenaje conjunto del Cabildo y el resto de ayuntamientos majoreros.

“Juana María Montelongo es fiel representante de esa mujer del norte cuyo papel ha sido imprescindible para llegar a la sociedad de hoy en día. En su caso, además, siendo santo y seña de la conservación y trasmisión de nuestras tradiciones”, dijo Isaí Blanco, alcalde de La Oliva.

En el acto de ayer, hizo entrega de este reconocimiento el concejal de Bienestar Social, Rafael Benítez, valorando que desde la concejalía “propusimos a Juana María para este premio que tanto se merece, por su aportación a la artesanía, a la cultura, a la sociedad en general, y porque con ella reconocemos al mismo tiempo a todas las mujeres del municipio”.

Juana María Montelongo Reyes (Tindaya, 1951), alfarera artesana, se crió desde su más tierna infancia en las inmediaciones de la Montaña Sagrada, símbolo emblemático de la población aborigen de Fuerteventura, cuyas huellas permanecen aún esculpidas en la elegante roca traquítica mediante cientos de dibujos podomorfos.

Rodeada de ese entorno natural y mágico, no debe extrañarnos que esta mujer majorera se sintiese atraída por la cultura popular, por la artesanía, por las tradiciones más ancestrales… En definitiva, por el amor a su tierra y sus costumbres.

A  los siete años de edad comenzó a elaborar cestería y otros utensilios domésticos con hojas de palma. Antes de cumplir los diez años ya hacía calado tradicional majorero e hilaba con la rueca y el huso. Con semejante precocidad se enamoró de las elaboraciones artesanas y ya fue consciente de que sus manos tenían un don especial para realizar prendas y utensilios con singular elegancia y minuciosidad.

Con veinticinco años tuvo su primera experiencia con las elaboraciones de barro, gracias a un tío político suyo, hijo de la admirada y recordada alfarera, Josefa Acosta Rodríguez, conocida popularmente como “Fefita”. De esta manera, Juana María, en sus idas y venidas al taller de alfarería del Valle de Santa Inés, se va a ir sintiendo atraída, cada vez mas, por la alfarería. En sus inicios, confecciona piezas pequeñas, luego va evolucionando, moldeando con sus hábiles manos tofios, ollas, bernegales, lebrillos, tallas, jarrones, etc., hasta convertirse en una alfarera de referencia en la artesanía popular de Canarias, culminando el reconocimiento a su labor con el Premio Insular de Artesanía, otorgado en la Feria de Antigua del año 1993.

El trabajo de la alfarería exige mucha dedicación y amor al oficio. La artesana debe de buscar y seleccionar las tierras y arenas adecuadas, purificarlas y amasar el barro con sus manos, luego se alisa con callaos y se le aplica el almagre si es preciso, pasando finalmente a la cocción final para darle a las piezas la consistencia necesaria para su uso posterior como recipientes u objetos de decoración.

Conservar el legado de la loza aborigen es una bonita tarea porque con ello se preserva y divulga la memoria de la vida cotidiana del pasado, puesto que esos utensilios de barro eran utilizados por nuestros antepasados, especialmente, para las labores de cocina y conservación de alimentos.

Cabe destacar que la alfarería ha sido predominantemente una actividad femenina a lo largo de la historia, en Canarias y en Fuerteventura. Este oficio se caracteriza también en las islas por conservar la elaboración de objetos de cerámica a mano -nunca llegó a incorporar la técnica del torno-, manteniendo el uso del callao (guijarro o canto rodado) como herramienta básica para la elaboración de cualquier pieza.

Con la alfarería tradicional han llegado hasta la actualidad distintos términos alusivos a los recipientes de cerámica elaborados mediante esta técnica, como son el tofio, el tabajoste, el gánigo o el taguao, de distintas formas y destinados principalmente a contener líquidos.

Juana María Montelongo Reyes ha paseado y vendido sus elaboraciones por todas las islas de nuestro archipiélago, participando en las mas reconocidas ferias del sector artesano de Canarias.

Paralelamente, durante todo este tiempo, ha venido observando y estudiando las diversas tipologías de loza tradicional de la isla, incorporando innovaciones, pero siempre basadas en las raíces ancestrales de la alfarería majorera.

Toda esa labor creativa y amplios conocimientos del oficio que posee, Juana María, los ha querido dar a conocer a las nuevas generaciones mediante la organización de cursos y talleres formativos, a través del INEM, Cabildo Insular de Fuerteventura y Ayuntamiento de La Oliva, dónde ha llegado a impartir sus enseñanzas en los diferentes pueblos del municipio norteño.

Juana María Montelongo Reyes, esposa y madre de cuatro hijos es un ejemplo de mujer dedicada en cuerpo y alma a su familia y a su profesión, con un enorme interés por aprender y dotada de una gran capacidad de sacrificio y esfuerzo. Una efeméride como el Día Internacional de la Mujer es un entorno ideal para reconocer su labor a esta mujer, trabajadora y solidaria.

¡Felicidades, Juana María…y gracias por todo lo que nos has dado y por lo que te queda por dar!

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